SCHOLA GREGORIANA IUBILATE DEO
La schola Iubilate Deo se crea en la Asociación Una Voce Sevilla con la finalidad de participar en los cultos litúrgicos.
Es un coro mixto, con un número reducido de voces que, aunque es suficiente, se ve muy afectado en cuanto se produce alguna baja por cualquier circunstancia. Sería muy conveniente la incorporación de unas cuatro o cinco voces más para tener una mayor seguridad y riqueza.
El repertorio es fundamentalmente gregoriano y su estilo tiene como modelo al de la abadía benedictina de San Pedro de Solesmes teniendo en cuenta los estudios paleográficos y semiológicos de Dom Eugène Cardine.
La interpretación es muy cuidada. Sin embargo no pretende ser un coro "de concierto". La pulcritud y el esmero en la interpretación sólo busca la dignidad de la liturgia. Es una schola exclusivamente litúrgica.
Para el acompañamiento de los cantos y para misas armonizadas cuenta con dos organistas con lo que se cumplen todos los objetivos previstos para que nuestros cultos dispongan de todo lo necesario en cuanto a la parte musical.
Para contactar con el director de la Schola, hacer cualquier consulta u ofrecerse a participar en la misma, pueden dirigirse a:


Importancia del Canto Gregoriano en la Liturgia
Por Luis Sampedro, director de la Schola Gregoriana Iubilate Deo
El canto gregoriano es oración, la oración cantada de la Iglesia. Su razón de existir es únicamente ser oración. Es la palabra de Dios que baja del cielo a la tierra y nosotros se la devolvemos adornada con las notas suaves de este canto sagrado. No es, en absoluto, una música que busca el arte por el arte o el halago de los sentidos. Busca a Dios, a Él se dirige y para Él existe.
Adaptándose a textos destinados exclusivamente a las celebraciones litúrgicas, sacados de las Sagradas Escrituras o, al menos, inspirados en su espíritu, participa del espíritu de "santidad".
Del Motu Proprio Inter Pastoralis Officii de San Pío X de 1903 entresacamos lo siguiente:
"La música sagrada debe, por consiguiente, poseer en grado eminente las cualidades que son propias de la liturgia y precisamente la santidad y la bondad de formas, de donde surge su otro carácter: la universalidad.
Ella debe ser santa y, así, excluir todo elemento profano, no solamente en sí misma, sino también en la manera en que es presentada por los ejecutantes. (.)
Estas cualidades se encuentran en el más alto grado en el canto gregoriano, que es, por consecuencia, el canto propio de la Iglesia romana. (.)
Por estos motivos, el canto gregoriano siempre ha sido considerado como el modelo supremo de la música sagrada. Se puede, en efecto, poner con razón la siguiente ley general: una composición para la Iglesia es tanto más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque por su ritmo, su inspiración y su sabor a la melodía gregoriana; ella es tanto menos digna del templo cuanto más alejada de este supremo modelo. El antiguo canto gregoriano deberá, pues, ser reestablecido ampliamente en las funciones del culto y todos deben tener por cierto que una función eclesiástica no pierde nada de su solemnidad cuando no es acompañada de ninguna otra música que esa".
El Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, promulgada el cuatro de diciembre de 1963 y en su número 116 dice:
"La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas".
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Formación del Repertorio Gregoriano
Por Luis Sampedro, director de la Schola Gregoriana Iubilate Deo
El período de creación de las obras más antiguas se remonta a la Alta Edad Media. Parece muy probable que, en su formación, hubiera influencias de la Sinagoga, de la Iglesia oriental y de otras culturas, como la griega.
El nombre de gregoriano procede del Papa San Gregorio Magno (+604) al que se consideraba el compositor o, al menos, el reformador de gran parte de las obras. Hoy sabemos que su labor fue únicamente la de codificar el conjunto de textos entonces admitidos en el culto. El llamado Antifonario Gregoriano es exclusivamente literario, desprovisto de toda notación musical.
Las melodías gregorianas que conocemos hoy, las que están contenidas en los diferentes libros litúrgicos no forman, en absoluto, un todo perfectamente homogéneo. Algunas, las que constituyen el Propio de la Misa, pertenecen a la tradición primitiva y sus textos se encuentran, sin notación musical, en los antifonarios más antiguos. Es lo que se llama " el fondo auténtico ". Algunas antífonas y responsorios del Oficio, aunque de estilo diferente, son, probablemente, de la misma época.
Podemos considerar después una segunda época a la que pertenecen la mayor parte del Ordinario (Kyrie, Gloria, Sanctus, Agnus Dei y Credo), los himnos, las secuencias y los tropos. Estos cantos conservan en su estilo las características propias del tiempo y el lugar de su composición o de su adaptación, las costumbres musicales de una época o de una región e incluso los principios de los teóricos y de los compositores que han influido en ellos.
Sobre el fondo primitivo y las obras de la segunda época se han incorporado composiciones más recientes, incluso contemporáneas, para satisfacer las exigencias de una liturgia siempre en evolución.
El repertorio gregoriano es de una gran belleza y variedad. Ningún polifonista nos ha dejado un repertorio similar: diversidad de géneros, diversidad de épocas, diversidad de origen geográfico de las obras. Se dice de Mozart que llegó a decir: "Cedería toda mi gloria musical por el orgullo de haber compuesto un Prefacio gregoriano"











